Dir. Thomas Vinterberg (2012)
Abandonar en el año 2005 los postulados del movimiento cinematográfico Dogma
95, o como ellos lo denominan el “voto de castidad” que supone el decálogo de
reglas creadas junto a Lars Von Triers,
lleva a Vinterbert a dirigir dos grandes películas, Submarino (2010) y The Hunt. La rigidez de las normas establecidas por los amigos Vinterbert y Triers, en
mi opinión, merma considerablemente la creatividad y la originalidad en la realización de sus películas. El éxito de La celebración (Vinterbert, 1998) y de Los idiotas (Triers, 1998) no se vio
continuado, en parte, por la presunta fidelidad a esas normas puristas basadas
en temas tradicionales de linealidad de guion, actuación, tema y a la supresión
total de efectos técnicos.
En La caza, Thomas Vinterber nos
muestra desde su comienzo las claves que darán lugar al desarrollo de la
película. Lejos de perder intensidad el relato, al desvelar en sus primeros quince
minutos toda su base argumental, va tejiendo una trama que lleva al espectador
a la indignación y a la desesperación final. Su protagonista, el actor danes de
moda, Mads Mikkelsen (también en Una
boda Real) y premiado en Cannes
2012, sufre la persecución y el rechazo de la comunidad donde vive e incluso de
sus amigos, como consecuencia de un prejuicio malévolo. Con menos violencia
manifiesta, con respecto a su entorno social, que la película de Sam Peckinpah Perros de Paja(1971), pero quizás con
mayor violencia subliminal, el director hace un ejercicio solvente de
credibilidad en su historia.
El argumento de The Hunt es
absolutamente reconocible. En la prensa y la televisión continuamente aparecen
los mismos hechos siempre enjuiciados y condenados precipitadamente y de forma
irreflexiva. Esos temas, nacidos al amparo de una suposición con escaso
fundamento, pero basados en la supuesta
autoridad moral que se confiere inequívocamente a determinados protagonistas de
nuestra sociedad, como policías, educadores, curas, niños…
refuerzan, a menudo, las imperfecciones de sistemas sociales incluso tan
supuestamente avanzados como los de los países nórdicos, como
ya pudimos ver en la excelente película Play(2011)
de Ruben Östlund.
La predisposición social a demonizar determinados temas, llevan a prejuzgar
y condenar sin ningún argumento supuestas conductas que tan solo existen en las
mentes inquisitorias.


