Vistas de página en total

viernes, 23 de marzo de 2018

Verano 1993



Verano 1993




El debut cinematográfico de Carla Simón ha encandilado a toda la crítica.  Estiu 1993 ha conmovido y persuadido a los espectadores y críticos de los festivales en los que se ha presentado: mejor ópera prima en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale); Biznaga de Oro a la mejor película en el Festival de Málaga Cine en Español además del Premio Feroz;  Mejor largometraje y Premio de la crítica joven en el 10º Festival Internacional de Cinema en Català FIC-CAT; mejor Dirección, Premio del Público y Premio Signis en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI); Premio Écrans Juniors en Cannes; Premio Especial del Jurado en el Istanbul Film Festival; Premio del Público, en el Festival de Cine Latino de Tübingen; Mejor Película en el Odesa Film Festival; Goya y Yago.






Carla Simón dedica la película a la memoria de su madre, Neus, fallecida cuando ella tenía sólo seis años.  La directora y guionista de Estiu 1993, reconstruye los recuerdos de aquel verano a partir de  fotografías y conversaciones con sus familiares, para plasmarlos en la pantalla con toda naturalidad y realismo, y así retratar de forma sencilla y contundente la muerte de su madre desde la mirada de la niña protagonista, Frida.

 




Para las niñas protagonistas de esta historia, el verano alejado de los rígidos y encorsetados horarios escolares y de los espacios urbanos, es la mejor época para  soñar, imaginar, sentir y emocionarse. Si además esto se vive acompañado de un entorno agradable, rodeado de naturaleza y con mucho tiempo para jugar, descubrir y sorprenderse, todavía se disfruta o se sufre más su mundo interior.

Frida, por voluntad de su madre fallecida a causa del SIDA, pasa el verano de 1993 con sus tíos y su prima Anna en un pueblo rural en el interior de Girona. Allí  comienza a percibir que el mundo donde vivía con ella en Barcelona desaparece y se encuentra con un entorno diferente, que explora a diario con la mirada más expresiva vista a una niña en el cine español  desde Ana Torren en el Espíritu de la Colmena (V. Erice).

Las niñas, Laia Artigas (Frida) y Paula Robles (Anna), más que interpretar, viven con naturalidad  sus papeles como  actrices. La espontaneidad y la complicidad en los diálogos,  y  la actuación de Frida y Anna impresionan y abruma a los espectadores;  sin duda gran parte del éxito de esta inmensa película.

 




La otra gran aportación de la directora es haber sabido filmar, con absoluta naturalidad, la cotidianidad y recomposición de la vida de una niña y su nueva familia, bajo el fantasma de la muerte de un ser querido, la madre.



Apuesto a que vamos a oír y ver, mucho  y bien, de Carla Simón. Al tiempo.