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martes, 5 de mayo de 2015

Thelonius Monk: Straght, no Chases


 Dir. Charlotte Zwerin (1988)







 "Tocaba cada nota como asombrado por la anterior, como si cada roce de los dedos en el teclado corrigiera un error y dicho roce a su vez deviniera un error a corregir y así la melodía nunca terminaba exactamente según lo previsto. A veces parecía que la canción acababa del revés o que se había construido toda ella a partir de errores. Sus manos eran como dos jugadores de raquetbol tratando de pillarse desprevenidos, sus dedos intentaban engañarse continuamente. Pero reinaba una lógica, una lógica exclusiva de Monk: si tocabas siempre la nota más inesperada emergía una forma, un negativo de lo que se esperaba de inicio. Tenías siempre la impresión de que en el centro del tema latía una bella melodía que había salido de espaldas, del revés. Escucharle era como ver a una persona inquieta, te incomodaba hasta que te inquietabas con ella."

 




Nunca pensé que se pudiera describir con tanta exactitud la singular manera de interpretar al piano del maestro Thelonius Monk, estaba equivocado. El texto que encabeza esta entrada está  extraído de la reedición de la novela de 1997 “Pero Hermoso: un libro de jazz”, de Geoff Dyer. El libro está basado en episodios y anécdotas de la vida de ocho mitos del jazz: Duke Ellington,  Lester Young, Thelonious Monk, Bud Powell, Ben Webster, Chet Baker, Charles Mingus y Art Pepper;  y compone un collage imprescindible para conocer y disfrutar de  la auténtica sustancia del jazz. 

En el capítulo dedicado a Thelonious Monk, se cuentan vivencias y se reproducen frases  que  también aparecen en la película que, sobre el mítico músico, realizó la documentalista Charlotte Zwerin.  

 


En 1988, Malpaso Company  –la productora de Clint Eastwod- produce el documental dirigido por Charlotte Zwerin: Thelonius Monk: Straght, no Chases. La película, elogiada por toda la crítica, da una visión diferente del genio del jazz Thelonius Monk. El proyecto surge cuando en la década de los ochenta se encuentra una gran cantidad de archivos visuales inéditos de Monk. Con este material, su directora construye un inmenso documental sobre la vida del pianista de bebop más influyente del jazz. Se mezclan imágenes de ensayos y actuaciones en directo de Monk y su grupo, así como entrevistas póstumas con familiares y amigos del músico. La figura de Eastwood y su pasión por el jazz, marcada en sus films desde el comienzo de su carrera como realizador,  juegan un papel decisivo en la financiación de la película de Zwerin.


 


 


Como estamos en un blog de cine, recordaré algunas películas de Eastwood donde el jazz está presente. En 1971, su primera película como director, Play misy for me, muestra fragmentos de actuaciones de Cannonball Adderley  y de Hohny Otis. La banda sonora de la celebérrima Los puentes de Madison (1995) rezuma jazz por los cuatro costados.  En la línea de fuego (1993), el veterano agente especial Frank Horrigan, lastrado por su fracaso en la protección del presidente John F. Kennedy durante su visita a Dallas en noviembre de 1963, cuando llega a su casa agotado después del duro trabajo de seguridad,  se relaja escuchando el King of Blues de  Miles Davis.


 


Mención aparte merecen las tres horas de Bird.  Estrenada 1988, un año antes que el documental de Thelonius Monk, cuenta sin recrearse en lo morboso, la llegada a Nueva York en 1940 de Charlie Parker, leyenda del jazz y padre de Bebop junto con Gillispie; las relaciones con sus compañeros músicos, las discográficas, el alcohol y las drogas; y su trágica muerte en 1955, a los 34 años, víctima de la depresión por la muerte de una hija y sus adicciones.  




Espero que el jazz, en algún momento de vuestra vida, os haga el camino más fácil.