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jueves, 27 de febrero de 2014

III Mi particular trilogía de la venganza



Park Chan-wokk. LA TRILOGIA DE LA VENGAZA


En Corea, Park Chan-wook (Seúl, 1963) es el máximo exponente de la corriente cinematográfica llamada Tercera Vía que se ubica entre el cine comercial y el cine artístico.



El reconocimiento en los festivales europeos de Oldboy (2003), mejor película en el Festival de Sitges 2004 y ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, proyecta a su director Park Chan-wokk en el mercado internacional del cine. Oldboy junto con Sympathy for Mr. Vengeance (2002) y Lady Vengeance (2005) forman la llamada “trilogía de la venganza”





El detonante que pone en marcha “la maquina reparadora de justicia” en Sympathy for Mr. Vengeance, es la desigualdad de las clases sociales ante la solución de un problema vital. La hermana del protagonista necesita un trasplante de riñón para sobrevivir; su protector hermano carece de recursos económicos y acaba de ser despedido de su trabajo. Bajo esas premisas se precipitan los acontecimientos  que trascienden a la voluntad de decidir de los hermanos.





Oldboy está basada en un manga japonés. El intérprete principal sufre un secuestro inexplicable que lo tiene apartado de su mundo durante 15 años. Durante ese tiempo su obsesión es encontrar respuestas a lo sucedido  y planificar la venganza; “buscar venganza se ha convertido en parte de mí”, dice el protagonista a modo de justificación de sus actos. La película, con unos magníficos recursos visuales y una excelente banda sonora,  sorprendente desde su inicio; la acción fluye  como un río de lava que lo destruye todo a su paso hasta llegar a la tragedia final preñada de excesos, emociones, transgresiones y contradicciones.





La saga de la trilogía termina con Sympathy for Lady Vengenace. Una joven es condenada injustamente a la cárcel en la que durante sus años de cautividad madurará su particular venganza. Empeñada en sobrevivir a su odio, reconstruye el guion de unos sucesos de los que ha sido incriminada y planifica el castigo en el que deben participar todos los que se sienten víctimas del cruel criminal. La magnífica banda sonora, y las imágenes entre impactantes y poéticas, tienen un papel preponderante en la película, sello inconfundible de Park a lo largo de toda la trilogía.





Querido lector, si has sido capaz de leer hasta aquí, ya te abras dado cuenta que ésta es mi particular venganza. No hagas caso, no te creas nada de lo que te he escrito, sólo te pido que seas curioso, que te abras y te empapes de sensaciones hasta hacerte estremecer, que sean tuyas, que no tienen porqué coincidir con las de nadie y menos con las de este distraído y humilde bloguero…faltaría menos.


viernes, 21 de febrero de 2014

II. Mi particular trilogía de la venganza



La venganza en el cine 


 
El ojo por ojo y diente por diente,  es la respuesta a un daño o agravio recibido. Esta acción, a menudo, produce satisfacción y sensación de recompensa a sus ejecutores. Además, su preparación y maquinación, puede proporcionar placer, como si se tratase de un manjar con  múltiples matices que satisface nuestro exquisito paladar. El cine, que desde su origen ha retratado sentimientos y emociones como: el amor, el odio, el deseo, la pasión, etc,  no podía dejar de lado la venganza.





Las películas en las que el  argumento principal es  la venganza,  ocupan un lugar notorio en la historia del séptimo arte. Este tema se extiende a lo largo del tiempo y de todos los géneros cinematográficos.  Una pequeña y variada selección de títulos que han cautivado al espectador con maestría, a consta de enseñarnos la capacidad de urdir la vendetta, estaría constituida, entre otros, por: Metrópolis (1927) de  Fritz Lang,  con su autómata vengador; los grandes clásicos del Western de John Ford, Henry Hathaway y Sam Peckimpah como: Centauros del desierto (1956),  Valor de ley (1969)  y La balada de Cable Hogue (1970);  El Manantial de la Doncella, estrenada por  Ingmar Bergman  en 1960, una cruda y onírica historia de violación, asesinato y venganza; el ejercicio de estilo de La muerte y la doncella (1994) de Roman PolanskyMemento (2000) de Christopher Nolan, dos maneras novedosas de narrar una historia de venganza. En el cine español, también es un tema recurrente; Pedro Almodóvar estructura dos de sus últimas películas entorno a la venganza: La piel que habito (2011) y  La mala educación (2004). Para terminar y enlazar con el cine surcoreano citaré a  Quentin Tarantino,  que dirige Kill Bill I y II (2003 y 2004), donde rinde homenaje a los subgéneros en los que la venganza ha sido una constante: el Spaghetti Western, el Samurai, el Yakuza y el Kung Fu.




Corea del Sur

El ajuste de cuentas fundamenta un gran número de guiones del  cine producido en Corea del Sur. Park Chan-wook es quizás el director que con más frecuencia aborda el tema de la venganza,  consiguiendo reconocimiento internacional por su premio en Cannes a su película OldBoy (2003). Kim Jee-woon con su trabajo I Saw the Devil (2010), cuenta un descenso al abismo de la condición humana, donde, con  una violencia extrema, vengador y ajusticiado se confunden constantemente intercambiando sus papeles; las secuencias explicitas más atroces, impregnan de sangre al espectador a base de primeros planos bestiales, con una absoluta complacencia por los excesos sanguíneos que le   hermanan con el cine al más puro estilo gore.


   




I Saw the Devil


Pietà (2012) de Kim ki-duk, compone un sorprendente, vehemente y vengativo melodrama, sobre las misteriosas e inquietantes relaciones entre un cobrador de préstamos solitario y sin escrúpulos, y una enigmática mujer que se presenta un día pidiéndole disculpas por haberle abandonado, asegurando que es su madre biológica. Para este trio de afamados directores coreanos todo vale para filmar la tortura y el castigo; los tres trasmiten  en  su iconografía violenta un sentimiento estético que dota a su cine de cierta “belleza”.


Kim ki-duk


Pietà


  
Mi referente cinematográfico para entender esta última afirmación –cierta “belleza”- sería el cine de Sam Peckinpah, quien se definía a sí mismo como el Poeta de la Violencia.  En su cine: el manejo de la cámara lenta en los tiroteos, los excesos de sangre y muertes, el montaje, etc., aportan aires frescos al western, estableciendo nuevas formas para rodar la muerte y la destrucción.

Sam Peckinpah

Toda esta relación de películas constituyen una pequeña muestra que ilustra el diferente tratamiento de la venganza en  el cine, pero, ni son las mejores, ni las más representativas,  sólo las que surgen a borbotones de mi memoria. Seguro que cualquiera puede citar otras, pero que cada cual haga su selección; seguro que me supera.

miércoles, 5 de febrero de 2014

I. Mi particular trilogía de la venganza


La recompensa del azar. El cine coreano



La satisfacción que provoca lo inesperado es siempre una  consecuencia de decisiones tomadas ajenas a la supuesta coherencia o contradicción de la lógica. Mi determinación, en este caso  alejada de “la razón”,  me llevo una tarde al cine dispuesto a dejarme sorprender por una película de la que nada conocía,  Stoker (2013) del director coreano  Park Chan-wook. Durante la proyección de la película mis sensaciones fueron de sorpresa,  por el  impacto visual de las imágenes,  y emoción por sus personajes. El director muestra una  historia excesiva, entre el drama y el psicothriller, construida alrededor de una inquietante familia repleta de celos, venganzas, pasiones, sexo y violencia,  que logra, con premeditación, sacudirme. Todo este inventario sensitivo despertó en mí la curiosidad por el autor y por su contexto cinematográfico.



El cine de Corea del Sur, con escasa presencia en España, se caracteriza por su capacidad para experimentar y transformar los géneros cinematográficos clásicos.  El éxito en los grandes festivales de  las películas de  Kim Ki-duk como Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (San Sebastian, 2003) Hierro 3, (San Sebastian y  Valladolid, (2004), Samaria (Samaritan Girl) (Berlín, 2004);  Pietà (Venecia, 2012);  de Lee Cang-dong, Oasis (Venecia, 2002), Shi (Poetry) (Cannes, 2010); Bong Joon-ho, Memories of murder (San Sebastian, 2003 ) y Park Can-wook  Oldboys (Cannes, 2004), facilitó la distribución en el mercado español de la cinematografía coreana de la última década. El problema para su difusión en las salas comerciales españolas radica, a mi entender,  en la inmersión en nuestras “refinadas costumbres” de películas creadas y dirigidas desde la cultura oriental, que de momento encuentran una barrera que va más allá de los gustos fílmicos. Aunque es evidente que el intercambio de ideas y  conocimientos  ayuda al progreso de las sociedades, todavía lo es más la capacidad de aislamiento  y la resistencia de los seres humanos a aceptar hábitos, relaciones sociales y signos de expresión diferentes a los de nuestro entorno social.





Para comprender mejor la magnitud del cine Surcoreano lo vamos a comparar con el cine español. Corea del Sur cuenta con 50 millones de habitantes y un PIB de  1.640.963;  España tiene poco más de 47 millones y un PIB de 1.388.789 millones; estos datos me permiten afirmar que se trata de dos paises con unas economias comparables para hacer una aproximación de la realidad cinematográfica de ambos países.

En el año 2012 en Corea del Sur la producción nacional supuso el 59% de su cuota de mercado; dos películas superaron los 10 millones de espectadores The Thieves (Dodookdeul) 13 millones entradas, Ghwanghae, Man Became A King (Masquerade) 12 millones, superando más de 100 millones de espectadores en total. Por otra parte, en España el número total de asistentes a las salas supera por poco  94 millones y la cuota de mercado del cine español es del 18,1%.  Las dos películas españolas más vistas fueron Lo imposible y Las aventuras de Tadeo Jones con  una concurrencia de 5,8 y 2 millones respectivamente.  Todas estas mareantes cifras constatan la buena salud del cine surcoreano, y la raquítica salud del cine español.


Esta es la primera entrega de mi particular “venganza”. Prometo no volver a dar más cifras, pero aseguro que mi “vendetta” se queda en un juego de niños comparado con lo que os espera…